LA PLACA PLANTAR

LA PLACA PLANTAR

En una entrada anterior hablamos sobre la necesidad de ponerle nombre a las dolencias del pie y desterrar términos genéricos como metatarsalgia o talalgia como elemento diagnóstico en nuestras consultas.

Hoy hablaremos sobre una de las causas de metatarsalgia, la lesión de la placa plantar.

La placa plantar es una estructura fibrocartilaginosa situada a nivel plantar de la cápsula articular de las articulaciones metatarsofalángicas, sus inserciones van a nivel proximal desde el cuello del metatarsiano hasta la base de la falange proximal a nivel distal, está descrito que su grosor en su recorrido no es uniforme, siendo la parte más reforzada a nivel distal. No debemos, sin embargo, verla como un elemento independiente ya que su función vendrá ligada a las estructuras adyacentes a la propia placa como por ejemplo la fascia plantar que le confiere estabilidad en sentido anteroposterior, el ligamento intermetatarsiano transverso que impide los desplazamientos laterales y finalmente posee puntos de unión a los ligamentos colaterales. En conjunto dan lugar al conocido como aparato falángico, ampliando la superficie articular de la falange proximal.

Tiene un destacado papel como estabilizador de las mencionadas articulaciones desde un punto de vista estático, por lo que su lesión a parte de una clínica dolorosa puede derivar en una subluxación de las articulaciones metatarsofalángicas. La estabilización dinámica corre a cargo de la musculatura interósea y lumbricales, así como la fascia plantar.

¿CÓMO SE LESIONA?

El traumatismo es la causa principal, se ha observado durante el gesto deportivo en determinadas disciplinas como el baloncesto o la danza, aunque principalmente se observa en mujeres que emplean como calzado diario los tacones altos, los cuales mantienen durante largos periodos de tiempo las articulaciones metatarsofalángicas en dorsiflexión que deriva en una retracción de la musculatura extensora. De manera secundaria se ha diagnosticado en pacientes con enfermedades reumáticas como la artritis.

¿CÓMO SE DIAGNOSTICA?

Existen varios medios al que el especialista puede recurrir, destacaremos dos de ellos:

La ecografía es un medio de fácil acceso, rápida y económica, aunque tiene el inconveniente de que las imágenes serán interpretables solo por el explorador.

La resonancia magnética es un sistema que transmite mucha información, tanto de la propia placa como del grado de afectación de las estructuras adyacentes, incluido el cartílago articular. Su ventaja sobre la ecografía es que sirve mejor para de poder realizar un diagnóstico diferencial con otras posibles causas de metatarsalgia, como la enfermedad de Freiberg, fracturas por sobrecarga, bursitis, sinovitis, afectaciones tendinosas, etc. El gran problema de esta prueba diagnóstica es su elevado coste.

¿CÓMO LO TRATAMOS? 

En función del estadio de la lesión se podrá optar por la vía conservadora o quirúrgica.

La clasificación la realizará el podólogo una vez haya examinado las pruebas y determinado la evolución de la lesión.

El tratamiento conservador consistirá fundamentalmente en la realización por una parte de vendajes funcionales o la realización de soportes plantares a medida a la que se le incluye una barra metatarsiana, la cual además de descargar las cabezas metatarsianas proporciona una flexión plantar secundaria de las articulaciones metatarsofalángicas, limitando la luxación dorsal.

También se emplean terapias combinadas con AINES, tratamiento fisioterápico para elongar los extensores, favoreciendo la potencia flexora de los dedos. Se deben evitar las infiltraciones en esta zona.

El tratamiento quirúrgico es muy variado y estará determinado por varios condicionantes. Se puede abordar la patología con intervenciones sobre partes blandas en las que se incluye la reparación de la placa plantar por vía dorsal o plantar, transferencia del tendón flexor al extensor, capsulotomía dorsal y alargamiento del tendón extensor, etc.

Las técnicas óseas tienen como objetivo regularizar el apoyo del antepié, normalizando la parábola metatarsiana.

No se descarta la combinación de varias de las técnicas descritas. Los resultados, aunque positivos, no están exentos de tener efectos secundarios que en determinados procedimientos son inevitables como una rigidez parcial de la articulación metatarsofalángica.

La cirugía en cualquier patología es y debe ser siempre la última opción, empleándose cuando el resto de alternativas conservadoras quedan descartadas.

El mejor cirujano es aquel que sabe indicar una cirugía, evitando realizarlas cuando le sea posible y explicando con sinceridad y claridad al paciente los peajes que se pagan por el procedimiento.

¿Quieres saber más? Pregúntale a tu podólogo.

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2018-12-14T15:30:08+00:00 14 diciembre 2018|