- El ICOPCV ha señalado que, tras una década de déficit estrogénico, se sufre pérdida de la almohadilla grasa plantar, ensanchamiento del pie y un mayor riesgo de artrosis irreversible.
- Además, se favorecen las deformidades, dolor al caminar y pérdida de estabilidad que incrementan el riesgo de caídas.
Valencia 28 de septiembre de 2026.- El dolor al caminar, la dificultad para encontrar zapatos cómodos o la aparición de deformidades en los pies son molestias que muchas mujeres mayores de 60 años terminan aceptando como una consecuencia inevitable de la edad. Sin embargo, el Ilustre Colegio Oficial de Podología de la Comunidad Valenciana (ICOPCV) ha advertido de que estos problemas deben evaluarse y tratarse para evitar que condicionen la movilidad, el equilibrio y la calidad de vida.
Desde el ICOPCV se ha destacado que casi el 75 % de las mujeres mayores de 60 años presenta dolor mecánico o deformidades en los pies, una situación que puede afectar a actividades cotidianas tan sencillas como salir a pasear, hacer la compra o permanecer de pie.
“A partir de los 60 años, el cese prolongado de los estrógenos se traduce en una degradación masiva del colágeno y la elastina. Las estructuras ligamentosas pierden su capacidad de tracción, el arco se aplana y el pie experimenta un ensanchamiento defensivo que inutiliza el calzado habitual de la paciente“, ha explicado Jorge Escoto, podólogo y miembro de la junta directiva del ICOPCV.
“En concreto, muchas mujeres empiezan a notar que los zapatos que antes utilizaban ya no les resultan cómodos, que sus pies han cambiado de forma o que caminar les provoca dolor. Es importante estudiar qué está ocurriendo y no atribuir automáticamente estas molestias a la edad”, ha señalado.
Algunas alteraciones que pueden comprometer la movilidad son:
- Pérdida de amortiguación, atrofia del ‘colchón’ plantar: cuando caminar empieza a doler
La almohadilla grasa situada bajo el talón y las cabezas de los metatarsianos actúa como un amortiguador natural que protege estas estructuras frente al impacto y la presión al caminar. Con el envejecimiento, esta almohadilla puede adelgazar o desplazarse, reduciendo su capacidad protectora. Como consecuencia, algunas mujeres experimentan dolor en el talón o en la zona delantera de la planta del pie, especialmente después de caminar o permanecer mucho tiempo de pie.
“Esta pérdida de amortiguación puede favorecer las metatarsalgias o la aparición de espolón calcáneo. Por ello, resulta fundamental identificar las zonas sometidas a mayor presión y establecer medidas individualizadas para descargarlas”, ha enfatizado Jorge Escoto.
- Artrosis y deformidades: cuando los dedos y las articulaciones pierden movilidad
La rigidez articular y determinadas deformidades pueden dificultar el movimiento natural del pie durante la marcha. Entre las alteraciones que pueden aparecer se encuentran la artrosis del pie, el hallux rigidus y el colapso del mediopié.
- Pérdida de estabilidad: riesgo de caídas
El dolor, las deformidades, la reducción de la movilidad del tobillo y las alteraciones de la sensibilidad plantar pueden dificultar el equilibrio y la seguridad durante la marcha. Estas circunstancias adquieren especial importancia a partir de los 60 años, cuando una caída puede tener consecuencias relevantes para la autonomía personal.
Los cambios en la piel constituyen otro de los problemas que pueden aparecer con el envejecimiento. La sequedad intensa o xerosis favorece la formación de durezas y grietas en los talones que, en los casos más severos, pueden llegar a ser dolorosas o sangrar. Estas lesiones no son únicamente un problema estético, ya que las fisuras profundas pueden facilitar la entrada de microorganismos y requerir tratamiento profesional.
El calzado después de los 60: ni estrecho ni excesivamente blando
Desde el ICOPCV se ha señalado que la elección del calzado debe responder a las características anatómicas y funcionales de cada mujer, especialmente cuando existen deformidades, dolor o problemas de equilibrio.
En concreto, los podólogos recomiendan prestar atención a cuatro aspectos fundamentales:
- Horma amplia y puntera espaciosa. El zapato debe adaptarse al ancho real del pie y permitir que los dedos se acomoden sin sufrir compresión, especialmente cuando existen juanetes o dedos en garra.
- Buena sujeción. Un contrafuerte estable y un sistema de cierre ajustable pueden favorecer que el pie permanezca bien sujeto durante la marcha. Se aconseja un tacón de unos 2 ó 3 cm para descargar el tendón de Aquiles y la fascia.
- Suela antideslizante y amortiguación adecuada para que el calzado proporcione comodidad y estabilidad. En algunos casos, las suelas con una curvatura anterior tipo rocker pueden facilitar el despegue al caminar, especialmente cuando existe rigidez en algunas articulaciones.
Desde el ICOPCV enfatizan que estas dolencias no son una consecuencia normal de la edad que deba resignarse a sufrir.
“Junto a esto, en ocasiones, son necesarios tratamientos ortopodológicos que no debe centrarse únicamente en aliviar una molestia puntual. Mediante un estudio biomecánico podemos identificar las zonas de sobrecarga y confeccionar plantillas personalizadas que mejoren la distribución de las presiones y aporten la estabilidad que necesita cada paciente para caminar con mayor comodidad y seguridad”, ha explicado Jorge Escoto.
Desde el ICOPCV se ha insistido en que las plantillas no sustituyen de forma literal la almohadilla grasa natural ni corrigen todas las deformidades, pero pueden ser una herramienta útil dentro de un tratamiento personalizado.
“Cumplir años no significa tener que resignarse a vivir con dolor de pies. Detectar a tiempo las alteraciones y adaptar el tratamiento a las necesidades de cada mujer puede ayudarla a seguir caminando, mantenerse activa y conservar su independencia”, ha concluido Jorge Escoto.
Desde el ICOPCV se ha recordado que, para garantizar que estamos en manos de un profesional de la Podología, disciplina sanitaria que todavía NO forma parte de la cartera de servicios del Sistema Público de Salud de Generalitat Valenciana, y evitar ser víctimas del intrusismo, es decir, ser tratados por supuestos profesionales que carecen de la formación universitaria que se exige para el desarrollo de esta rama sanitaria, hay que asegurarse que la clínica donde vamos a ser tratados dispone de número de registro sanitario y el podólogo está colegiado
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Patricia Berzosa
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